Nuestra Comunidad es mucho más que un grupo de individuos; es una manifestación viva y en acción del Amor de Dios, un espejo sagrado donde cada participante puede recordar la nobleza de su Espíritu y la semejanza a Su Padre que todos compartimos.
No nos reunimos por casualidad, sino por un propósito divino: despertar juntos de la ilusión del ego, a través de la práctica de la Metodología PACIENCIA. Somos un colectivo de almas que, en su esencia, reconocen la unidad que el mundo de la separación ha intentado ocultar. En este espacio, cada hermano es visto no por sus errores, sino por la luz de Cristo que resplandece en su interior, sanando la percepción de uno en la mirada del otro.
Inspirada en el modelo funcional de Doble-A y en la dinámica del Poder de los Pares, nuestra Comunidad es una hermandad de iguales, unida por el problema común de identificarse con el miedo y el desconcierto. Aquí no hay maestros iluminados ni jerarquías, sino una “Organización de Pares y Practicantes de UCDM“, donde todos tienen algo valioso que aportar. Una verdadera Filiación.
El poder de nuestra Comunidad no reside en la figura de un líder. Es en la escucha sin juicio, un apoyo mutuo y una honestidad radical entre compañeros de camino, donde se halla la verdadera fuerza para deshacer las creencias limitantes y sanar la mente. Al dar lo que creemos que nos falta, es en ese acto que lo recibimos, confirmando que la dación y la recepción son una misma cosa, actuando en coherencia una con la otra.
El Amor de Dios es el fundamento que une a todas las personas, sin importar su nivel de conocimiento o experiencia. Nuestra Comunidad es el espacio seguro donde este amor se practica a través del perdón funcional, que es la única corrección real. Al participar, cada uno se compromete a ver más allá de la percepción del pecado, por reconocer la impecabilidad del otro, y en ese mismo acto, permite que nos perdonemos nosotros mismos.
La «Metodología PACIENCIA» es el vehículo que posibilita que nos reunamos a compartir nuestras experiencias con honestidad y, a través del proceso, recordar que la Paz es nuestro estado natural. En el silencio de nuestra práctica y en el dar de cada sesión, nuestra Comunidad se convierte en una manifestación viva y amorosa de que el camino de regreso a casa se recorre siempre en compañía.