18 de oct 1975 - 2025

RELATO: El mendigo era el dueño

agosto 13, 2026

Por: Fernando Osta

El Yo disfuncional busca validar su existencia a través de la aprobación externa y la acumulación de roles sociales. Esta búsqueda incesante es el síntoma de una creencia profunda en la escasez y el desamparo original. Al identificarse con la limitación, la mente adopta la postura de un mendigo emocional que pide migajas de identidad al mundo. La afirmación de la lección revierte este estado de carencia al recordar que la plenitud y la inocencia son atributos inherentes al ser, dados por su origen y completamente independientes de las circunstancias del mundo. Reconocer esta verdad exige que la mente abandone su apego a la autocompasión y al sufrimiento, permitiéndose experimentar la paz que ya le pertenece por herencia.

“Busco únicamente lo que en verdad me pertenece, y la dicha y la paz son mi herencia.” —Un Curso de Milagros, L-104.3:3

En las escalinatas de un gran palacio de piedra vive un hombre que pasa los días pidiendo monedas a los visitantes. Ha perfeccionado con los años el tono exacto de voz y la inclinación de la cabeza que despiertan la compasión de los transeúntes, logrando así asegurar la cantidad mínima de cobre necesaria para comprar el pan de la tarde. Los guardias del portal lo toleran porque es limpio y porque sus lamentos no interfieren con el paso de los carruajes oficiales.

Un mediodía lluvioso, un notario vestido de lino oscuro se detiene ante él y le entrega un pliego sellado con lacre rojo. El documento certifica de manera inequívoca que el mendigo es el único heredero de la propiedad entera, incluyendo los jardines, las bóvedas y los salones de banquete que se extienden a sus espaldas. El hombre mira los sellos, dobla el pliego con cuidado y lo coloca debajo de su cartón para protegerse de la humedad fría que sube de la piedra.

Al día siguiente, la rutina continúa sin alteraciones. El hombre discute con un guardia sobre su derecho a sentarse en el tercer escalón en lugar del cuarto, sintiendo un pequeño triunfo personal cuando le permiten quedarse allí. Dedica las noches a contar los centavos acumulados en su jarro de hojalata, haciendo cálculos mentales para comprar una manta de lana antes de que llegue el invierno, mientras las llaves maestras de la gran mansión vacía descansan ignoradas en su bolsillo izquierdo.

El esfuerzo diario del mendigo se enfoca en perfeccionar su técnica de persuasión, convencido de que para ingresar al palacio primero debe convencer a los guardias de su buena conducta, o acumular el dinero suficiente para pagar el derecho de paso. En los márgenes del testamento que usa como asiento, anota observaciones minuciosas sobre la psicología de las diferentes clases sociales y la fluctuación de la generosidad pública según el clima.

Con las primeras heladas de noviembre, la piedra se vuelve insoportable. El hombre permanece sentado, temblando de frío, aferrado a su jarro de hojalata y esperando que alguna mano compasiva arroje un mendrugo, mientras las puertas de roble del salón de banquete templado permanecen destrabadas detrás de él. Es la representación exacta de la mente que prefiere la seguridad de su miseria conocida, mendigando validación al mundo, antes que aceptar la abundancia que siempre ha sido su herencia.

Entonces…

…El Yo Funcional comprende que la creencia en el desamparo es una elección defensiva para evitar la responsabilidad de la propia plenitud. El dolor no debería ser una condición impuesta por el entorno, sino el resultado de aferrarse al papel de víctima. Al dejar de mendigar valor afuera y recordar la verdadera identidad, las escalinatas de la carencia desaparecen, revelando que el palacio de la paz siempre ha estado abierto.

Y es por ello que:

“La plenitud no es una meta a conquistar, sino el estado natural que se revela al dejar de mendigar migajas de identidad al mundo.”

Piensa…

  1. ¿De qué manera tu mente utiliza el rol de víctima y la queja para evitar asumir la plenitud que le corresponde por diseño?
  2. ¿Qué “monedas de cobre” (aprobación, control, tener la razón) sueles mendigar al mundo en tus relaciones cotidianas?
  3. ¿Cómo se manifiesta la resistencia a usar la “llave” del perdón para ingresar al palacio de la paz interior que ya posees?

Jesús en Ti

(JET)

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