RELATO: El hijo pródigo
Encuentros santos
No hay distancia real entre nosotros y la paz de nuestra Fuente, excepto la que sostiene la creencia en la culpa. El desierto de escasez espiritual es solo un escenario ficticio donde el ego actúa su necesidad de castigo para justificar la separación. Al abandonar la pretensión de reconstruir llaves inútiles y decidir simplemente empujar la puerta del presente, se descubre que la mesa del Padre siempre ha estado servida y que nuestra herencia de amor permanece intacta en el silencio de nuestro Ser.